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    10/27/2006

    tiempo al tiempo: inter-ferencia

     
     
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      lo que pasa es que he terminado desilusionandome un monton
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      este año no me lo esperaba para nada
    abundio dice:
      estás todavia no queriendo aceptar lo que ha ocurrido
    abundio dice:
      porque no te lo esperabas
    abundio dice:
      es así?
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      si eso es
    abundio dice:
      no lo aceptas
    abundio dice:
      no lo asumes
    abundio dice:
      pero se te impone cada día
    abundio dice:
      estás en el conflicto
    abundio dice:
      y eso te hace ir todavía
    abundio dice:
      más a contrapié en esta situación
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      si si
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      lo has descrito muy bien
    abundio dice:
      ok comencemos por asumirlo
    abundio dice:
      dime qué tienes que decir al respecto
    abundio dice:
      cuéntamelo en pocas palabras
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      jajajajaja
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      lo has contado tu
    abundio dice:
      no no dímelo con tus palabras
    abundio dice:
      como te salga
    abundio dice:
      del tipo
    abundio dice:
      YO MERECIA APROBAAAR
    abundio dice:
      o
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      esoooo
    abundio dice:
      PARA QUE TENGO QUE SACAR LAS PUTAS MATEEES
    abundio dice:
      quiero decir
    abundio dice:
      expresa eso por lo que no aceptas la situación
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      puess a ver
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      estoy perdiendo un año
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      no hay mucho mas
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      he tenido que moverme deprisa para llenar los huecos libres
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      y los he llenado demasiado
    abundio dice:
      aja
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      vuelvo cansada y lo unico que quiero es dormir
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      y mañana lo mismo
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      y pasado
    abundio dice:
      vale
    abundio dice:
      tenemos una composicion
    abundio dice:
      vamos a ello
    abundio dice:
      lo primero estás perdiendo un año
    abundio dice:
      ok
    abundio dice:
      has tenido que llenar demasiados huecos
    abundio dice:
      y te enfrentas a una especie de pesadilla
    abundio dice:
      de eterno retorno
    abundio dice:
      vale
    abundio dice:
      mira
    abundio dice:
      coge un calendario de este año
    abundio dice:
      haz un hueco más, un agujero
    abundio dice:
      el hueco "definitivo"
    abundio dice:
      entierra el año contenido en ese calendario
    abundio dice:
      para poder recuperar el año secretamente cuando retomes lo tuyo
    abundio dice:
      y después de enterrarlo
    abundio dice:
      inicia un viaje corto
    abundio dice:
      y cuando vuelvas de ese viaje
    abundio dice:
      quizás hayas roto con los 3 puntos de bloqueo
    abundio dice:
      los huecos inútiles
    abundio dice:
      el año perdido
    abundio dice:
      y la ausencia de cambio
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      jajajajaja
    abundio dice:
      bueno son técnicas de manejo simbólico
    abundio dice:
      no sé, al menos es una manera de romper con la rutina
    abundio dice:
      sólo con intentarlo
    abundio dice:
      resulta tan irónico
    abundio dice:
      durante la propia realización
    abundio dice:
      que te obliga a desplazarte
    abundio dice:
      de ese pozo en el que crees andar
    abundio dice:
      y relativizando la situación
    abundio dice:
      comienza a aceptarse
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      en realidad no se hunde el mundo
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      y cosas peores han pasado
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      pero no me gusta, no tengo un desahogo decente
    abundio dice:
      te entiendo
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      asi que bueno... lo intento
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      no veo el momento de acostumbrarme
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      y sólo es un año
    automatic routine for diary robotic shit dice:
      peeero..
    abundio dice:
      ok, yo haré lo del calendario enterrado
    abundio dice:
      cuando apruebes me lo dices
    abundio dice:
      lo desentierro y te lo envío
    abundio dice:
      no se puede perder el tiempo
    abundio dice:
      de ninguna de las maneras
    abundio dice:
      ése no es el espíritu
     
    ............................................... FIN DE LA TRANSMISIÓN.
    10/23/2006

    dificultad de juego, conciencia de juego: Level Up

     
    Level up: Aún no nos hemos situado en la nueva pantalla, y nos sorprende su resolución por definirse inmediatamente como una nueva dificultad. Veníamos de rematar la pantalla anterior. Y nos las prometíamos felices. Ey, lo estamos.
     
    En su origen, el juego manifiesta su evidente abundancia. Da. No para de dar. Se ofrece. Insiste. Embiste. Regala. Inviste... La revelación del juego supone una experiencia de agradecida donación que nos cala y nos transforma.
     
    Las dificultades del juego a su comienzo, se presentan evocadoramente. Su aparición es más un anuncio de algo lejano que una amenaza inmediata. Aquí no hay auténtico sorteo de movimientos. Es más un tanteo de presentaciones. De tal manera que por este carácter evocador, la dificultad del juego a su comienzo permite incluso una fruición de tipo estético. Se trata más de presencias alegóricas instaladas en la memoria que de enemigos cercanos. La presentación de la amenaza inmediata aquí es todavía por medio de la memoria una re-presentación del combate. El combate al comienzo del juego es un tanteo, una coreografía, una parodia. No termina de irnos en él todo, porque todavía no nos hemos dado completamente al juego. Estamos todavía comenzando a sumergirnos.
     
    El final de pantalla en las primeras fases de juego es más una prueba de temple que una amenaza de destrucción. Lo que se pone en juego es nuestra capacidad para no dejarnos arrastrar por el miedo. El valor y la técnica todavía no juegan su verdadero papel. Se presentan en forma de escaramuza. Sólo se anuncian.
     
    Así que tras las primeras pruebas, nos enfrentamos confiados a la superación de nivel. Pero el juego: no ha hecho más que empezar una disposición de darse que, para ofrecerlo todo, necesita reforzar sus mecanismos de desafío hasta el extremo. Lo suponíamos. Lo en-tendemos: pero no del todo. Lo entendemos pero a pesar de ello, tendemos a evitar las dificultades. Hasta que se nos impone inevitable el trance de enfrentarnos a ellas.
     
    En realidad, la evidencia de dificultad anuncia una bienaventuranza. Su capacidad para no flaquear su tensión es una prueba de que el juego es real. De que el margen de actuación existe.
     
    Veníamos confiados de una fase anterior donde todo había resultado sospechosamente sencillo. Pero tan pronto como se ha manifestado la nueva pantalla, se ha manifestado un inusitado aumento de definición en la experiencia de juego, que supone un salto cualitativo de dificultad.
     
    Hemos contemplado ya que la técnica necesaria para afrontar la nueva pantalla precisa de un manejo paradójico de la contradicción, de su solución todavía hermética. Luego hemos asistido a la tensión de un escenario que manifiesta con carácter general una condición porrno-gráfica. Esto es, una explotación del deseo con voluntad de engaño para extender totalmente un principio de dominio. Inmediatamente después, hemos asistido a la necesidad de implicarnos totalmente a nuestro primer encuentro. Un primer encuentro no dispuesto en la mera limitación, sino en una contradicción irrevocable que nos ha puesto en el trance de asumir el riesgo sin paliativos de una renuncia total. Y es que todo indica que la nueva pantalla ha empezado. El peligro se palpa en el ambiente. Todos los items, bonus extra, armas, combos y demás parafernalia, no han sido encontrados gratuitamente, sino porque habrán de usarse. Habrá que saber administrar las municiones. Habrá que practicar hasta volverse ducho en el manejo de las armas y las técnicas de combate. Habrá que estar atentos a los detalles que desde la banalidad apunten posibles peligros. Habrá que seguir catalogando especies enemigas. Habrá que reforzar viejas alianzas y sondear otras nuevas.
     
    Habrá que concienciarse más si cabe de que estamos sumergidos definitivamente en un juego que existe, que es real. Y no ha hecho más que comenzar. Y vamos a jugarlo entero. Con toda su dificultad.
     
    Porque ya hemos comprendido que en la dificultad se expresa un regalo. Y para llegar hasta aquí, lo primero que aprendemos es una inexcusable muestra de agradecimiento ante la oportunidad. Y así, mientras persisten emanaciones de destellos provenientes de nuestro juguetito musical fantasy light se produce: Level Up.
     
     
    10/22/2006

    Amargo licor de la renuncia: brindis por la princesah al final del juego

     
    Si sabemos de la necesidad del juego como algo constante. ¿Cómo se podría jugar la partida mientras las circunstancias piden mantenerla en permanente suspenso? ¿Habría que quitar las pilas de nuestra consola? ¿Recrear imaginariamente la partida? Más bien conviene extenderse más allá de su horizonte de sucesos. Terminar olvidándose por una vez del desarrollo de la partida, para afirmar directamente: el poder del propio juego.
     
    Jugar la mano de la renuncia supone probar el licor más amargo del juego, que es esencialmente festivo. El sabor de la amargura tiene su lugar en el reino de los contrastes, que es el único mundo efectivo. Una renuncia, de alguna manera, contiene ya la totalidad de un juego, que queda expresado en su reverso. En la renuncia, el juego se concluye por afirmación inversa. Es una forma de exit-0(h!). Porque aunque no lo parezca, el juego al completo supone una expresión de sacrificio. Como el sacrificio viene a completar lo que rubrica en una suerte de festividad paradójica.
     
    Todo parece haber salido mal ante la presencia de una renuncia total. Pero el poder de la renuncia se proyecta sobre las limitaciones de la pantalla que tenemos entre manos. Está jugando ya una pantalla que todavía no nos pertenece. Está dando forma con su bagaje a lo que todavía está por venir. En la renuncia sentimos el vacío de lo abandonado. Pero esto mismo nos espera inexorablemente. Bajo la forma de una inversión rentabilizada. Por la plusvalía de una operación donde el resultado es más que la suma de las partes: la sublimación. Destilación de un licor enriquecido en la próxima fiesta que indudablemente acabará llegando. Porque no sabemos qué viene a suceder concretamente. Pero sabemos que el juego existe.
     
    La sublimación supone por tanto, una posibilidad de carácter hermético. Resulta difícil de concebir. Su puesta en práctica todavía queda más vedada. Como la renuncia supone una síntesis ausente del juego al completo, se trata de una táctica extremadamente difícil de esgrimir, tanto más cuanto se propone de manera absoluta. Es el licor más amargo. Su utilización obliga a no dar salida a los humores. Y por lo tanto, si no se está preparado, si no se tiene acceso a las claves que posibilitan la sublimación, la renuncia juega directamente en contra del jugador. Puede desorganizar al jugador hasta enfermarle.
     
    Para el jugador novato, la renuncia resulta difícilmente concebible. Porque su mirada no se extiende mucho más allá de su fase de juego. Y la renuncia aparenta entonces una pura perdida. Pero incluso para el jugador avezado, la renuncia se ofrece como una táctica extrema, como un riesgo radical, como una dificultad limítrofe con lo insalvable.
     
    El carácter hermético de la renuncia supone su difícil predicción. Y sin embargo, aunque resulta difícil calcular las condiciones de posibilidad que la exigen, se puede predecir con casi total seguridad que, a lo largo del juego, van a darse condiciones que acabarán exigiendo su disposición. Porque el juego es una plétora siempre a punto de rebasarse.
     
    El resumen de este carácter pletórico del juego se vislumbra en la finalidad aparentemente lineal de rescatar a la princesah. Bajo las formas paródicas del juego, la princesah es fija, estable, y lo variable queda del lado de una pantalla que, por lo tanto, dispone una línea de acceso que va del punto A al punto B. Pero esta es una imagen falsa de la princesah, que es poderosa en sí misma. Que no es un punto fijo ni el simple "objeto" de un valioso rescate. Que mueve el juego en torno a ella porque ella contiene su dinamismo.
     
    En el acceso a la verdadera disposición del juego, la princesah ya resume simbólicamente la actividad excesiva del juego. La posibilidad de cambios bruscos. La impredecibilidad. La necesidad de astucia y perspicacia. Y a lo largo del juego, es posible que el juego reclame un momento de atención total al protagonismo de la princesah. Se produce la paradoja de la detención. Se abre el momento de un brindis amargo.
     
    Así que ante la aparente sencillez de un camino trazado del punto A al punto B para rescatar a la princesah, parezca una locura en un momento dado detenerse en la andadura: no jugar el juego precisamente para terminar llegando a ella. Renunciando mediante apoyo en un inverosímil principio de confianza. De confianza en (que) el juego (queda contenido en la princesah). Esah que con su carácter excesivo, variable, impredecible, astuto y perspicaz, da testimonio vivo de aquello que intentamos comprender y poner en práctica. Consistente en asumir festivamente lo que no nos cansamos de repetir para beneficio paradójico de todos. Y no nos cansaremos de repetirlo como un brindis del jugador por la princesah, De la misma manera que la existencia de la princesah es un brindis viviente por el juego.
     
    Cuando el juego se detiene, se mantiene la evocación de la princesah. Su existencia es testimonio suficiente para seguir el juego volcados: en la confianza en el propio juego. Porque el juguete puede pararse. La situación puede quedar descargada de baterías. Pero todavía sabemos el juego existe. Porque hasta en la descarga de una renuncia, sabemos con fuerza renovada, y no nos cansamos de repetirlo:
     
    que el juego es real.
     
    10/8/2006

    Puritanismo de la porrno-grafía, gatillazo del sistema

    A la luz de los destellos emanados por musical fantasy light, la historia se despliega en una frecuencia de colores comandada por la intensidad de un tono vanguardista. Primero fueron los héroes quienes enarbolaron esta bandera. Luego los guerreros aspiraron a volcarse sobre la fuerza de los mitos. A mediados del siglo pasado, la excelencia de semejante posición estaba en boca de los artistas. Hoy son los cocineros quienes administran este discurso. Los referentes de cada momento señalan su potencial transformador. Y hoy esta bandera tiene el color apagado de un plato de lentejas. O lo tomas, o lo dejas.

    Momentos que tienen en Nacho Vidal a uno de sus referentes. Un tío que follla mucho y tal...

    Estos días los informativos dan su general beneplácito a la feria del porrno en Barna. Hay consenso en que es noticia, y en que la cosa tiene su gracia. Piqueras sonríe de puro liberal. Porque somos abiertos hey, y de piernas también. Aunque luego los otros programas destilen más que nunca moralina puritana.

    Pero el mercado porno-gráfico no sólo queda saludado por evitar una imagen reaccionaria. No sólo se alimenta por exigencias generales del espectáculo. No sólo queda reconocido por su interés lucrativo.

    musical fantasy light dice: la existencia de un mercado señaladamente porno-gráfico compone una coartada para anular por contraste la evidencia de una sistematización genérica de lo porrno-gráfico.

    Oh yeah: El sistema es porrno-gráfico. Uh ooh arf... (cambio de postura)

    musical fantasy light dice: Porrno-grafía y puritanismo comparten la creencia inalienable en un principio individualista.

    ¿Pero es que no se ve claro en esa forma de trabajarse el sexo? (ah oh ooh)
    ¿Es que no se capta la evidencia de trabajo, la ausencia de placer? ¿Qué son esas caderas como bielas, en línea recta, sin curvas? (ah aah aaah)
    ¿Es que resulta plancetero asistir a un espectáculo basado en la explotación? (¿eh...?)

    musical fantasy light dice: la confusión entre sexualidad y genitalidad revela el mecanismo por el cual, el sistema porrno-gráfico convierte el principio de relación en principio de (ab)uso.

    La porrno-grafía: ese saco de complejos. Su puritanismo mecanicista abole el principio de incertidumbre. Instaura el olvido de placer: que pertenece al erotismo.

    Contra el abuso de un sistema porrno-gráfico, el juego discurre por una administración del conocimiento basada en el principio erótico. Recupera un principio de apertura que atenta contra la sobre-explotación. Instaura un principio de conocimiento que, a fuerza de erótico, no precisa de reivindicación gesticulante para poner en marcha la capacidad liberadora de su potencial placentero.

    Por mucho que la porrno-grafía encuentre un predicamento consensuado en nuestros informativos (ooh), por mucho que eso sólo sea un mero reflejo de que estamos en medio de un sistema porrno-gráfico (aaahh), cabe recordar que el juego existe. El juego es real. (eh?)

    10/5/2006

    CÓMO SER DEMAGOGO Y NO DESINTEGRARSE EN EL INTENTO, y XI

    Amarillista el submari-no es, porque cuando haces pop...

     
    Las consecuencias que pueden extraerse de una solución como la que propone Charlie Kaufman con Adaptation, abren una vía de actuación al hilo de la necesidad de revisar la cuestión de lo demagógico en la situación actual. Lo que supone una vía de actuación en el arte por cuanto paradigma de lo demagógico. Lo que supone una vía de actuación creativa general, por cuanto lo demagógico compone hoy en día un sistema que lo ocupa todo. Hoy no es que tengamos la opción de ser demagógicos, es que estamos obligados a serlo. Hoy que lo demagógico no es sólo un enjuiciamiento ético obsolete: es más un obstáculo para establecer síntomas del momento histórico. Para resolver modos de abordarlo.
     
    Adaptation ofrece una historia abiertamente dispuesta a la confusión demagógica. De tal manera que Adaptation no es demagógica. Es más que demagógica. Pero precisamente llevando al extremo esta confusión, permite establecer una solución que por momentos se ofrece como una verdad sencilla y sin paliativos. Quizás se puede extrapolar su mecánica como un modo de actuación generalmente idóneo para un escenario que nos obliga a ser demagógicos. En suma, se trataría de arriesgar la utilización de elementos demagógicos. Como no puede ser de otra manera. Pero sopesando una relación nueva de dichos elementos, capaz de administrar su crítica en una operación donde el resultado es más que la suma de sus partes. Un indicio de modos de actuación que nos sitúan en un lugar común, no por lo que tiene éste de vacío por desgastado, sino por lo que tiene de fundamento político. Aprender a descifrar las leyes de esta nueva relación es una tarea que nos libera de sentirnos culpables de estar donde estamos. Reabre un espacio común de relaciones. Reformula un potencial representativo, liberándolo del peso de valoraciones que ya no pertenecen a este momento.
     
    Porque se hace necesario asumir que el capitalismo creó el pop como una forma de establecer voluntades idóneas de consumo, pero el pop ha consumido al capitalismo y su triturada columna le sirve de alimento para un crecimiento sin freno.
     
    Y cuando haces pop: ya no hay stop. Los procesos están inevitablemente abiertos. Ya no hay stop. La banalidad del lema publicitario adquiere la condición de explicación histórica. Ya no hay stop. Esta condición permite que aflore su oculta intención ideológica. Ya no hay stop. La producción material de pringles ha perdido el control de su sustento ideológico. Ya no hay stop. Todo se pringa, la suciedad actual se hace evidente en la sociedad actual. Y la producción de pop no para. Se introduce en los ámbitos de las categorías que albergan significados respetables. La información es pop. Ya no hay stop. La noticia es un pringle y un pringue. Ya no hay stop. El documento informativo lleva añadido un reverso anecdótico. Ya no hay stop. Lo anecdótico se eleva sistemáticamente a categoría. Ya no hay stop. La construcción de la realidad es demagógica. Y este arte toma parte. Ya no hay stop. Se rebaja en perspectivas que dan cuenta de la gravedad de la situación, a costa de ofrecerlo irónicamente. Puesto en pasiva: la utilización irónica revierte en un tanteo de las dimensiones estrambóticas de la situación actual. Estas palabras ofrecen una postura paradójica de lo ético en medio de un espacio de confusión, señalando quizás un nuevo ejemplo de este arte actual que precisa arriesgar un modo de creatividad adaptativa. Quiere situarse en una posición donde quizás, la aparente pérdida de integridad y coherencia no supone la total desintegración ética. Por todo esto, es intención de estas palabras ayudar a pensar que lo que vienen a ofrecernos: es algo más que pura demagogia.
     
    COMIENZA NUEVA PANTALLA
     

    CÓMO SER DEMAGOGO Y NO DESINTEGRARSE EN EL INTENTO, X

    Mal está lo que bien acaba, ¿o bien está lo que mal acaba?

     

    Y es que aunque parezca lo mismo, no lo es. El Kaufman purista no podría más que apostar por lo primero. El Kaufman demagogo ejecuta lo segundo. El Kaufman purista ejecuta un juicio acusador, una crítica negativa. El Kaufman demagogo apuesta por los riesgos de una solución extremadamente positiva.
     
    El final de Adaptation se despliega en varias fases. Algunas de ellas afirman los consejos ofrecidos por Robert McKee como una tentación faústica. Pero a la vez, la relación entre las distintas fases subvierte la afirmación típica del final. Desmenucemos todo el extraño desenlace que comienza cuando Donald Kaufman es descubierto por Susan Orlean y John Laroche.
     
    La película se ha convertido previamente en una típica historia de intriga, en un giro forzado por exigencias del guión, como una consecuencia del encuentro entre Kaufman y Robert McKee.
     
     1. Donald es descubierto por ofrecer una respuesta "demasiado perfecta", lo que redunda irónicamente sobre el hecho de que Susan Orlean haya sido descubierta previamente en sus mentiras por la misma cuestión. Este mecanismo de desdoblamiento sobre la base de una relación irónica, apunta metanarrativamente al hecho de que Kaufman haya aceptado convertir su película en un compendio de géneros comerciales, que va de la intriga a la acción. Aunque Kaufman acepta circunscribir la comprensión de lo que pasa en su historia en torno a una solución de género, se subvierte la tendencia de clausura señalando acusatoriamente lo que se ajusta demasiado al guión, lo demasiado perfecto, clausurado. El uso del género se ha utilizado demagógicamente, pero mediante una acusación a lo demasiado perfecto, queda subvertido.
     
    2. Tras escapar de Laroche y Orlean, los dos hermanos se esconden en el pantano. Allí tienen un diálogo íntimo y enriquecedor, donde ambos saldan las cuentas pendientes de su relación. Con ello se remata la recomendación fundamental de McKee -y por lo tanto, parece aceptarse definitivamente la tentación faústica:  
     
    Después de forzar el drama, el final hará la película. Y los protagonistas tendrán que cambiar, pero sin trampas; por ellos mismos.
    Con esto se consumaría la traición a esa pretensión inicial de hacer una película sin un final cerrado, capaz de hacer justicia a la apertura permanente de la vida real. En la conversación, Donald ofrece a Charlie la clave de un cambio radical sobre la superación de un planteamiento egoísta del amor. Como este momento viene tensado por los mecanismos de acción e intriga, la escena consigue provocar emocionalmente al esceptador. Pero a la vez, como ello supone una traición del puro objetivo inicial de la película, la emoción provocada por la escena se conjuga simultáneamente con una sensación de decepción intelectual.
     
    3. Pero puestos a cerrar finales, Kaufman parece haberle cogido el gusto. Y no contento con un final moralizante donde los personajes han sufrido una transformación que les ha permitido crecer por ellos mismos, se mete ya de lleno en el terreno de la acción y la intriga para hacer crecer la tensión hasta el extremo, mediante una serie de decisiones que lo llevan a utilizar un elemento que McKee había aconsejado evitar a toda costa. En un plazo de unos pocos minutos se dan hasta tres casualidades que pueden ser interpretadas como una decisión del autor por introducir un deus ex machina. Primero haciendo que los Kaufman se topen fortuitamente con Laroche y Orlean cuando ya parecían salvados. Cuando parecen encontrar una vía de escape, con la aparición inesperada de un automóvil que atropella mortalmente a Donald. Y luego, cuando Charlie parece quedar a merced de ser asesinado por Laroche. Al ser salvado in extremis por el ataque de un cocodrilo, en un giro forzado hasta lo abiertamente grotesco.
     
    La introducción de varios deus ex machina fuerza un juego de relaciones dialécticas donde se pone en crisis el momento de equilibrio que la ortodoxia del cine comercial quiere sostener, tal y como se ofrece en los consejos aportados por McKee. Diríamos que, forzado a cerrar la historia, Kaufman apuesta por resolver la historia forzadamente. Asumida la potestad del creador para cerrar eficazmente la historia, Kaufman se otorga la capacidad de ser arbitrario. Va entonces a jugar a moralizar, señalando ya terriblemente con un dedo divino. Va a ser más papista que el Papa. Pero precisamente asumiendo esta potestad hasta el final, desbloquea una vía que puede permitirle recuperar paradójicamente su pretensión inicial.
     
    En el poliedro de dialécticas establecido por todas estas decisiones, por un lado se ha asumido el carácter comercial del proyecto hasta sus últimas consecuencias. Pero al asumirlo hasta las últimas consecuencias, se fuerza el pretendido equilibrio de una visión ortodoxa de lo comercial, que para el Kaufman purista ya resultaba una perspectiva forzada. Al forzar lo forzado, al pasarse de comercial, Kaufman desmonta metanarrativamente el propio carácter cerrado del final de la película. Y de paso elimina al doble ficticio encarnado en el papel de su hermano gemelo, para que lo sucedido revierta entonces en un plano exclusivamente real. El renacimiento que se produce, queda anunciado como un reclamo en boca de Susan Orlean.
     
    4. Pero lo mejor todavía está por llegar, porque aún queda un genuino final feliz. De vuelta a la vida cotidiana, las palabras de Donald han transformado a un Charlie que por fin puede comenzar a manejarse en el mundo de los sentimientos íntimos. Y es justamente esto lo que está resolviendo la película, que viene siendo una muestra de sus problemas profesionales como guionista. Es decir, se está armonizando la relación entre lo público y lo privado. Así que Charlie Kaufman puede comenzar a manifestar su amor bajo la forma del tópico total: un beso, que es una puerta abierta al futuro.
     
    La siguiente escena supone un canto a la esperanza -otro típico final- bajo una forma abiertamente metanarrativa. Pero la misma voz en off que está abriendo la cuestión metanarrativa del final de la película, lo está solucionando aparentemente en términos de fracaso. Y por lo tanto está señalando también acusatoriamente contra el tópico del canto a la esperanza. Porque a esas alturas de película, todavía resuenan en nuestra cabeza las palabras de Robert McKee advirtiendo con el tono de una amenaza divina que, ay de aquel que precise de usar una voz en off para hacer discurrir una historia. Kaufman todo lo hace bien. Pero Kaufman todo lo hace mal.
    Y ya después de este amontonamiento de contradicciones, llega la escena final. Allí donde definitivamente se pone en juego un juicio sobre todo lo sucedido. Y lo que Kaufman propone es una pura acumulación de todo lo que había venido intentando evitar bajo sus rasgos más subrayados. Un puro artificio para resolver aquella película sencilla y sin finales cerrados. Nada más que un artificio visual acompañado de una canción pop:
     
    Ese grupo de florecillas que bailotea al ritmo de un tiempo acelerado mientras suena de fondo el mensaje banal del Happy Together.
     
    Y ésa es la película sencilla sobre la verdad de la vida que Kaufman quería ofrecer con motivo de las flores. Kaufman construye una historia que gira en torno al valor excepcional de una flor que se convierte en un grial. Después ofrece el desencanto del encuentro con lo idealizado. Después demuestra que ese desencanto no responde a un déficit espiritual, sino a que el valor de lo idealizado constituye una pantalla para escamotear vergonzantemente intereses espurios, para ocultar movimientos delictivos. Y al final, después de todo eso, el bailoteo de un grupo de florecillas comunes ante el paso del tiempo y el canturreo de un mensaje que viene a celebrar la circunstancia de estar juntos, se convierte en una metáfora sobre la sencillez de la vida como experiencia común. Y el caso es que a pesar de que la escena está montada sobre una acumulación de artificios que redundan en un absoluto tópico, el espectador acepta generalmente la reacción emotiva sin sensación de imposición.
     
    Pero no es sólo que Kaufman haya conseguido probablemente al final hacer la película que pretendía, a pesar de que ha traicionado todos sus presupuestos iniciales y ha cumplido todas las posibilidades que ha intentado evitar. Es que probablemente, sin haberse apoyado en esta acumulación de contradicciones, la escena final no tendría por sí misma el bagaje suficiente para sobreponerse a la ausencia de significado del tópico que parece ser. Es decir, es precisamente la disposición totalmente demagógica de la película la que impulsa el sentido crítico de la narración en tantas direcciones distintas, que permite terminar solucionando la tensión en una escena donde las maneras impositivas del tópico vuelven a ofrecer un territorio abierto al lugar común (al commonplace). ¿Cabe actualmente mayor final feliz sobre la pretensión de elaborar la vida sencillamente tras la tormenta de modernidades y posmodernidades?
    10/1/2006

    CÓMO SER DEMAGOGO Y NO DESINTEGRARSE EN EL INTENTO, IX

    Entre el uso del principio y el abuso de la norma

    Un grupo de florecillas bailotea al ritmo de un tiempo acelerado mientras suena de fondo el mensaje banal del Happy Together. Puro final feliz provocado hasta el paroxismo. Para el Kaufman purista, el recurso técnico supone un mecanismo de engaño, una imposición del efecto, una mistificación del sentido de la experiencia. Pero Adaptation concluye con una escena preñada de artificios.

    Kaufman accederá a mecanismos con los que concretar la tentación de renunciar a la pureza de su película. Su pretensión de construir una película sencilla se verá obstaculizada por la tentación de recurrir ciertos artificios: el efecto visual, la canción pop. Acabará utilizándolos todos repetidamente mientras en el seno de la película se los critica. Recurrirá a un uso aparentemente demagógico de los mismos. Por su parte, la tentación del final cerrado desembocará en la aceptación del cine de género. Después de venir desplegando la narración caóticamente, conforme desemboca paradójicamente en un callejón sin salida tautológico, Kaufman accede a transformar su película en una reconocible historia de intriga. Con todo ello, Kaufman convierte la relación con el tópico en su caballo de batalla.

    En Adaptation, la utilización del tópico queda identificada como un recurso básicamente demagógico. Para finalmente no sólo utilizarlo, sino sobre-explotarlo. De esta manera, Kaufman procede con un modo de crítica típicamente vanguardista. La crítica no se ejecuta tanto como negación, sino por el contrario, reafirmando hasta el límite las propias contradicciones internas de lo criticado.

    ¿Hace falta recordar que el arte moderno constituía el paradigma de lo demagógico? ¿Y cómo atacar la raíz de lo demagógico en su línea de flotación? ¿Cómo utilizar abiertamente lo demagógico del arte para superar lo demagógico de la situación actual? Sobre-explotando su mecánica de actuación con la finalidad de establecer una cierta vigencia actual del tópico.