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2006/7/30 cónicas utrópicas, final de pantalla: identificación de Final BossComo por una tubería accedimos a un nuevo escenario. Necesitábamos resolver algunas cuestiones abiertas por elementos extraños al juego.
Confiábamos en acceder a una nueva pantalla generada por un principio de abundancia. Intuíamos la existencia y las posibilidades de este acceso. Ahora este viaje toca a su fin.
Queda de la intensidad constante ofrecida en el tránsito por la nueva pantalla: aportación de ítems, descubrimiento y perfección de combos, superación de antiguas lógicas mediante puzzles a primera vista contradictorios, recolección de bonus extra:
Mutación de nuestro aspecto para siempre.
Todas estas aportaciones darán su fruto en la búsqueda de claves.
Pero antes se hace necesario completar la pantalla enfrentándonos a su jefe final. Que se acerca. Que adivinamos su forma. Que no la conocemos completamente. Que se nos antoja su silueta una sombra monstruosa.
(Y ahora recordamos aquella sombra vieja del pasado.
La vencimos encerrándola en una palabra
Pronunciada…
“Moral”)
Por la vía de la nueva pantalla nos enfrentábamos al tamaño del delito.
Que no era una abertura sin cierre compensatorio.
Que no era una ausencia de control.
Que no residía siquiera en la fijación individual.
Que quizás consista en el triunfo exclusivo de un solo enfoque.
Otras muchas cosas han sucedido a lo largo del nuevo escenario, que no pueden ser relatadas minuciosamente ahora. Quizás más tarde. Porque ahora adivinamos la cercanía del jefe final de esta pantalla. Y precisamos concretarlo para enfrentarnos a esta presencia dominante. A la rutina de esta araña. Que todavía no sabemos vencer.
Pero algo sí sabemos. Lo que descubrimos en el tránsito por un escenario generado por un principio de abundancia, insiste en la necesidad de reducir: nuestro sentido al sentido de las situaciones. Y el sentido de las situaciones a cuestiones de economía básica.
Porque lo descubierto insiste en la necesidad de asentarse sobre escenarios generados por principios de abundancia.
Y sobre la perspectiva generada por esta insistencia, lo que adivinamos como la sombra monstruosa del jefe final de esta pantalla bajo el designio general de la nominación moral de una sombra amenazante, proyecta su enfoque sobre el sentido relativo de los valores.
Porque lo descubierto insiste en la necesidad de asentarse sobre escenarios generados por principios de abundancia.
Lo que nos pone en trance de enfrentarnos al jefe final de esta pantalla bajo la forma de una cuestión definitivamente precisada como:
El valor del compromiso.
FINAL BOSS DETECTADO.
Esta araña en cuestión ha tomado la forma del valor del compromiso.
Eliminarla nos ayudará a superar definitivamente la pantalla.
Todavía no conocemos la rutina de sus movimientos.
Extraeremos la técnica apropiada de entre los ítems, bonus y combos adquiridos. Pero
si el valor del compromiso remite bajo la cuestión del tamaño del delito: a la fijación individual. Pero
si bajo el valor del compromiso, la abertura sin cierre compensatorio y la ausencia de control remiten: al principio de abundancia.
Quizás para identificar una defensa básica
teniendo en cuenta que el tamaño del delito puede residir en el triunfo exclusivo de un solo enfoque:
10. Convenga compensar el impacto de la solución del valor del compromiso.
20. Mediante una observancia estricta de todo movimiento ejecutado para eliminar a esta araña.
30. Absorbiendo la reacción que se adivina lógicamente bajo la forma de una posible:
Tiranía del capricho.
SOLUCIONADA CLAVE DE RUTINA INVERSA.
Llega el jefe final. Es un cerebro enorme con patas tentaculares que nos buscan para destruirnos. Toma dominio de la pantalla.
Y el combate está
2006/7/27 mancha en la piellas impresiones del nuevo escenario están provocando una extrana mancha en la piel.
MISIÓN ANADIDA. Descubrir el significado del mensaje en clave cifrado:
It´s ON like Donkey Kong 2006/7/25 cónicas utrópicas: devoraos los unos a los otrosMuchas reminiscencias de un pasado ausente de confianza en el principio de abundancia, están apareciendo para quedar corregidas en el juego dispuesto por el nuevo escenario. La mirada descomunal de Mimí arrastra consigo viejas palabras de un pasado casi olvidado, que decían “todo ojos” de esta manera.
Todo lo que tiene ojos
Por tierra por mar y por aire
Vuelan deseos y reptan hambre
Nadan algo que habrá de restarme
A su estómago
Porque todos son mis enemigos
O afinando aún más las décimas
Todo tiene ojos…
Pero experiencias como la mirada del excesivo M1m1, están eliminando estos residuos. Porque a lo largo de este viaje por el nuevo escenario que ya llega a su final, estamos siendo sometidos, por momentos, a situaciones de una felicidad definitiva.
Es una felicidad coronada por el triunfo innecesario del absurdo.
Por la experiencia básicamente gratuita de la existencia.
Entre las dunas Geni Pabu: una laguna. En aquel oasis pudimos degustar la sabrosa carne de camarón con una copa embriagadora en la mano. Mientras tanto, la cáscara del manjar entre los dedos de los pies alimentaba a bancos de peces, que nos masajeaban con la fiebre intensa de su festín. Y nosotros cantábamos.
Cantábamos en el delirio erótico de ese contacto depredador.
Cantábamos con una estúpida felicidad:
Es el cicloo de la viiidaaaaa.
Así el mensaje falaz del Rey León
Devoraos los unos a los otros como yo os he amado
Que viene a esconder
Amaos los unos a los otros mientras yo os he devorado,
desde la cúspide de la pirámide alimenticia,
es corregido por el aumento de una broma.
Como una lupa arrojada sobre el ojo vigilante de M1m1
Para impedir a partir de este momento una alianza
entre miedo y seriedad,
la seriedad y el miedo.
Obrigado.
BONUS EXTRA. DICCIONARIO DE JUEGO:
Explicación: Implicación. 2006/7/19 cónicas utrópicas: el mono calla el enfoque.Nos extraña observar que la capacidad del nuevo escenario para acompañar al juego es tanta, que consigue ponerlo en crisis. Hay aquí el manejo de una extraña lógica donde las cosas: son y no son a la vez. Están abiertas y están cerradas. Y esta simultaneidad es muy del juego. La hemos visto reflejada en los destellos emanados por musical fantasy light en más de una ocasión, casi como una constante, que parpadea en la pulsión de su naturaleza paradójica.
Pero cuando las cosas son y no son a la vez, cuando están simultáneamente abiertas y cerradas, corren el riesgo de no concretarse. Este es un pensamiento que nos atemoriza. Contra el que nos defendemos. Y por un momento, el juego se presenta tan abierto que nos rodea la tentación de romper la baraja. Y mirar exclusivamente por nuestro interés. Vaya frase.
En ese trance, la tentación consiste en subrayar la necesidad de regular el juego en su apertura sin límite. Por un momento pensamos que la apertura es excesiva y necesita compensación: control. Y volvemos sobre la cuestión que abrió el nuevo escenario en cuanto comenzó a manifestarse: ¿Será el tamaño del delito, el de una acción sin reacción, el de un movimiento de apertura sin respuesta:
la posibilidad de una abertura sin compensación?
¿Será el tamaño del delito, el de una ausencia: la ausencia de control?
Los últimos acontecimientos parecen apuntar en esta dirección. Pero no es bueno precipitarse en la elaboración de juicios, en la extracción de consecuencias. Eso nos lo ha venido enseñando el juego, sobradamente…
Nos gustan los monos. Nos gustan mucho. Son divertidos. Están en la base de nuestro interés por el juego. El juego lo sabe. Y en cuanto hemos encontrado un momento de reposo ante un escenario que da, da, da, dada, sigue dando, no para de dar… el juego ha abierto una pantalla, como si fuera una aparente casualidad. Y nos ha contado por segunda vez la historia de una aventura arquetípica protagonizada por un mono.
Como toda historia recreada por segunda vez, su interés reside en un vuelco reflexivo sobre la propia tarea de relatar. Y cada figura que aparece en pantalla, se convierte en un símbolo ambivalente. Que es y no es a la vez. Que está simultáneamente abierto y cerrado. El juego no para.
En la historia arquetípica que nos muestra la pantalla dispuesta por el juego durante nuestro momento de reposo, el mono es un mono. Pero como es un mono redoblado, es un símbolo polivalente. Es la pureza de la naturaleza humana. Pero es el poder inconmensurable de la Naturaleza en bruto. Pero es un hombre que no aúlla su ferocidad. Es la inversión de un Tarzán que no grita para expresar su dominio sobre la Naturaleza, sino que responde al aullido de auxilio de la mujer, que es feraz y no feroz. Pero es la voluntad de responder a la llamada de Eva. Es la voluntad de responder a esta fatalidad. Pero es entonces la asunción del propio destino.
Y luego está su contrapartida, no en la figura de la mujer, sino en la del cineasta (cosa de lo más machista, porque parece que entre hombres anda el juego). Pero el cineasta es una metáfora del idealismo. Pero lo es del manejo en la mentira. Pero lo es de la visión moderna, de la propia Modernidad como sistema: del Sistema como forma de Ordem e Progreso. Pero lo es de la voluntad para hacerse millonario, de acumular bienes materiales sin medida como forma de dominar al mono. Que era la pureza de la naturaleza humana. Pero era el poder inconmensurable de la Naturaleza en bruto. Pero era un hombre que no aullaba su ferocidad. Pero era la inversión de un Tarzán que no gritaba para expresar su dominio sobre la Naturaleza, sino que respondía al aullido de auxilio de la mujer, que es feraz y no feroz. Pero era la voluntad de responder a la llamada de Eva. Era la voluntad de responder a esta fatalidad. Pero era entonces la asunción del propio destino.
Contra todo esto: aparece el cineasta. El cine. La visión moderna. El mentiroso razonamiento del cineasta. Su manipulador manejo de todo(s) lo(s) demás. Con su voluntad de rescatar el misterio para ofrecerlo envasado, y por lo tanto pervertido, por unos dólares. Con su capacidad infalible para destruir todo lo que ama.
Y el relato consuma la tragedia bajo estas circunstancias. Que son las de la condensación de muchas cosas dispares en un símbolo. En un mono. En una chica. En un cineasta. En individualidades. Y justamente por esta condensación individual, el conflicto se hace insostenible, y precisa de reparación fatal. Y ante la fuerza de la tragedia, podemos olvidar que la condensación de muchas cosas dispares en principios individuales, era un recurso retórico. Y no una auténtica realidad. Por lo que la repetición cíclica de esta tragedia ejemplar es una fatalidad que no recae en la naturaleza de los acontecimientos reales, sino en la perspectiva que utiliza esta forma de entender y explicar las cosas ejemplarmente. Así que quizás el tamaño del delito reside justamente:
en la fijación individual.
O quizás: en el protagonismo de la moraleja. En la voluntad moralizante como forma de compre(n)sión.
Pero quizás tampoco esta solución resulte definitiva. Porque en este caso vemos que la voluntad traidora de la mirada moderna, la perspectiva sistematizadora, el cineasta: se nos ofrecen desde una pantalla cinematográfica. Y por lo tanto, en esta reflexión que no desecha el medio que critica, hay una implícita intención caritativa, redentora, pacificadora. Se habla de la maldad del cine desde el cine. Y por lo tanto, de la mirada moderna desde la mirada moderna, de la perspectiva sistematizadora desde la sistematización del relato. Renovándose el medio mediante la autocrítica: Se desplaza el enfoque. Se ofrece un nuevo enfoque desenfocado. Se recuerda que estamos sobretodo ante una cuestión de enfoque.
Y ante la tentación de comprender el tamaño del delito frente a la abundancia avasalladora del nuevo escenario como la posibilidad de una abertura sin cierre que la compense,
o ante la posibilidad de cerrar la cuestión del tamaño del delito como la conclusión de una ausencia de control,
o incluso ante la tentación de conceder que el tamaño del delito reside en la fijación individual, quizás el juego nos dice mediante la pantalla que abre con la historia de este mono extraño, que el tamaño del delito puede ser
el triunfo exclusivo
de un solo enfoque.
Y después de un mono tan excesivamente retórico y definitivo, el juego compensa al día siguiente este enfoque, con la aparición entre las dunas de un mono que calla. Nuestro enfoque. Para callarnos. Y convertirnos en lo que nos gusta. Un mono sin más peso ejemplar que
El del silencio.
Por un momento.
Porque el juego existe.
Y con todo lo que te quita
No cesa en su donación
Y se ríe en silencio
Hasta del propio King Kong
Para abortar una vez más
Nuestra capacidad infalible:
De destruir todo lo que amamos.
En el descuido de tanta palabra.
Obrigado
2006/7/15 cõnicas utRõpicas tercer dîa= aparece PoesîaEn el nuevo escenario, la abundancia parece estar sometida a un triunfo exclusivo de la cosa. Lo cual resulta a primera vista profundamente decepcionante. Sólo a primera vista. Porque estamos convencidos de que esta circunstancia: es el producto de un engaño. Para aceptar el triunfo de la cosa. Para administrarse en el intercambio exclusivo de la cosa. Para quedar convertido en cosa. Pero eso no puede ser: que un escenario caracterizado por un principio de abundancia remita al triunfo de la cosa. Eso (no) puede ser más
que un engaño.
El ofrecimiento exclusivo de la cosa es continuo. Es independiente del propio interés de la cosa. Produce un circuito de intercambio no sólo ajeno al principio de abundancia, también a la relación de las personas, incluso al interés de la función de la cosa. Es la curvatura de un asiento que se traga sobre la necesidad de la propia comodidad, para generar carencia, allí donde todo remitía al principio de abundancia. Y así el engaño pretende consumarse. Pero el principio de abundancia no deja de interferir en el engaño, hasta instalarse en el protagonista por él dispuesto. La propia moneda. Donde la efigie que se utiliza como principio de reconocimiento, para convertirnos en ella, queda sustituida por referencias a la exhuberancia de un despliegue generado por el principio de abundancia.
Así que no vamos a creernos que todo está sometido al triunfo de la cosa. Así que no vamos a ceder a ese ofrecimiento de bienes y servicios que remite, exclusivamente, a la cosa.
Pero el asedio es continuo. Porque la naturaleza positiva de la pulsión del nuevo escenario: no para. Da. Da. Da. Dada. No para de dar. Sigue. Continúa. Continúa dando.
Extenúa lo que envuelve en su ofrecimiento.
Así que el principio de abundancia sometido al triunfo de la cosa,
parece condenado a pervertirse de manera permanente.
Cosa que no sucede si extendemos,
sobre el artificio de esta aparente condena,
una muestra de confianza…
Nos ofrecéis cosas, pero no queremos cosas.
Pretendéis nuestra moneda, pero en ella están inscritos
el vuelo del pájaro y el cuerpo peludo del mono.
No queremos la cosa, sino como pretexto del encuentro con vosotros.
Aportaremos nuestra moneda, si recordáis que tenemos ojos.
No buscamos más que la mediación, porque el juego no tiene fin.
Parecéis centrados en el protagonismo exclusivo de la cosa, pero la cosa terminará remitiendo a vosotros a pesar de esta extraña limitación
en la que parecemos encontrarnos.
Aparece poesía 2
Así que aparece Riban ofreciendo cosas. En medio del nuevo escenario, utiliza nuestro código básico de transmisión. Nos habla. Nos mira a los ojos. Nos cuenta de su origen. Nos dice que vive donde nos encuentra. Se proyecta sobre su vacación permanente. Le decimos que le hemos reconocido. Le decimos que es un poeta.
Lo acepta. La cosa se aleja. Se instala el intercambio de ideas. Ante la evidente efervescencia que provoca, se acercan nuevas ofertas de cosas. Sin más ideas que aportar, los vendedores quedan directamente excluidos. Queremos pensar que lo entienden, y se van con esa idea. Para ir manejando de nuevo ideas. Que les permitan hablarnos. Mirarnos a los ojos. Contarnos su origen. Vivir donde nos encuentran. Proyectarse sobre su vacación permanente. Quedar reconocidos. Oírse que son poetas. Seguimos con Riban.
La conversación invita a invitarle, para escucharnos. Acepta una copa que iremos llenando. Seguimos conversando. Al interesarnos por lo que hace, vemos por fin las cosas que trae. Reconocemos que son bonitas. No se agotan en sí mismas, nos remiten al momento. Si nos acompañan, lo revivirán de fondo. Nos dejamos aconsejar sobre la adquisición de la cosa cargada de pulsión po(i)ética. Deuza señala la pulsera que parece convenirnos. Aceptamos el consejo, porque la cosa en sí no nos importa, sino la atención que provoca la proyección desinteresada de la cosa sobre nosotros. Preguntamos su precio. Riban abre un amplio margen. Nos establecemos en la zona media, para elevarlo ligeramente. Nos estamos entendiendo perfectamente. Riban acepta.
Ahora tenemos a Riban, en la cosa: el poeta.
Pero queremos que prosiga el intercambio. Le ofrecemos la cosa a Deuza, puesto que ella señaló su belleza, para que Deuza disponga del poeta, en su muñeca. Pero Deuza vio la belleza de la cosa proyectándose sobre nosotros, así que nos la devuelve. Y Riban el poeta se muestra sensible al gesto. Confirma que esa cosa va conmigo (y él en ella), y que él regalará otra cosa a Deuza. El triunfo exclusivo de la cosa está totalmente superado. Su circuito totalmente roto. Su engaño ha quedado olvidado. El principio de abundancia irriga por muchos canales. Y el momento toma el aspecto de plenitud que el engaño ocultaba. La moneda está relegada en este intercambio renovado, que está a punto de dar otro paso.
Aparece poesía 3.
Puesto que tenemos ante nosotros a un poeta, le preguntamos por su poesía. Nos responde que dirá unas palabras. Le anunciamos que al aceptar nuestra demanda, también nosotros tenemos para él una poesía. Y lo que parecía un escenario dominado por el triunfo exclusivo de la cosa, se ha convertido en un intercambio poético. ¿Dónde están ahora las cosas que se ofrecían exhaustivamente? El individuo que parecía inscrito en el circuito del triunfo exclusivo de la cosa, ha quedado cargado hasta revelarse como una manifestación del principio de abundancia. Y Riban habla:
A morte nao chega
A vida nao basta
O que quero nao sei
O que sei nao me agrada
O descorto é constante
O que me conforta nao posso
O que posso nao quero
E assim a vida passa
A cada ilusao me invadeço
Envadecido me desconheço
Desconhecido me acho
A todos peço perdao
Depois me arrependo
Arrependido me revelo
E volto ao começo
Cada uno de los presentes pronuncia entonces su poema. Pero lo que contestamos a Riban, no tiene interés. Porque lo que tiene aquí objeto, no es el valor de nuestras palabras. Ni siquiera el encuentro con el poeta. Sino la propia aparición de la poesía. Y resulta que tras el intercambio de poemas, aparece al ruido de nuestra conversación una anciana pequeñísima, muy muy vieja, deteriorada, arrasada por las arrugas, casi ciega, y alza un vaso de plástico usado a donde estamos.
Tras la aparición incesante de personas para ofrecer exclusivamente cosas, tras la aparición del poeta que olvidó la razón de su sustento para acabar regalando sus cosas y así poder intercambiar poesías, aquella vieja se acerca ya sin ninguna cosa que ofrecer. Miguel Angel identifica en aquella vieja la aparición de la poesía, y arroja sobre su vaso un real. Y como la vieja poesía no ha pedido nada, aquella cantidad mínima significa por lo tanto un lujo de valor incalculable. Frente a la nada pedida, lo mínimo adquiere un valor infinito. De la boca de la vieja surge una frase ininteligible. La poesía se expresa en el terreno de lo inefable, más allá del propio lenguaje, para desaparecer como había venido. Nosotros tampoco pretendemos retenerla, ni entender su enigmático mensaje: más que aceptar el regalo de su aparición. Aunque para ello tuviéramos que utilizar como un recurso el sarcasmo.
Porque tras la conversión del triunfo del cambio exclusivo de las cosas
en el reconocimiento poético de las personas,
por la renovación del principio de abundancia que atesora el nuevo escenario,
descubrimos que la instalación en el juego
permite observar hasta la bondad
creativa
del mismísimo humor
negro.
Muito obrigado.
2006/7/13 cónicas utrópicas #1: el tamaño del delitoDurante el viaje se ha podido acumular algún dato de interés, quedando visualizada materialmente la franja horaria hacia el último tercio de la jornada. Al entrar en el nuevo territorio, nuestro código básico de transmisión –el código matriz- queda anulado y sustituido por otro ligeramente alterado. Esta distorsión impide el acceso al flujo de datos por el canal usualmente utilizado para establecer la composición del escenario.
Pero el nuevo escenario ha quedado establecido de repente. Y su presencia se impone con una poderosa intensidad. Parece que la anulación del código básico de transmisión arrastra consigo la apertura de un renovado haz de vías de comunicación, que disponen la adquisición de datos a partir de la impresión directa. Mientras trabajamos sobre la corrección del código, esta conexión directa con el escenario produce una impresión anómala, que bascula de la total inmersión en el conjunto al profundo extrañamiento provocado por cada detalle. Por el momento, no sabemos si tras la reprogramación del código básico de transmisión persistirá la experiencia. O si se trata de una fase de adaptación transitoria.
El caso es que el escenario no hace concesión. No cesa de establecerse. Impone su presencia en una intensidad que no deja de crecer. Produce una pulsión permanente que lo invade todo. Crece. Hace retorcer su extensión sin medida sobre formas que se abigarran en presencias dispares, en la confusión de naturalezas diferentes. Hay un árbol creciendo sin conciencia de su ausencia de medida, hasta perder su referencia troncal en el triunfo de un rizoma que antes no le correspondía. Remonta una colorida mezcla de máquinas y animales. Y de fondo un gigantesco puente de hormigón, en una construcción permanentemente suspensa, señala la inútil voluntad de dominar la intensa pulsión del escenario sobre un vector quebrado desde su origen. Digamos: la intención.
Llevamos pocas horas en el escenario que habrá de ofrecernos algunos datos. Los necesitamos para solucionar incógnitas que han ido sumándose como obstáculos al establecimiento del juego. Sin embargo, la pulsión sin freno del nuevo escenario ya parece querer advertirnos de algo. La presión de la pulsión intensa del escenario es un clamor sordo. Es un ritmo que nos avisa de la naturaleza del carácter excesivo. Se repite y nos habla entonces del carácter excesivo de esta Naturaleza. Clama que está presente y nos avisa. Esta pulsión: nos está avisando con su ritmo incesante como de algo, como de un delito. Parece haber algo delictivo sobrevolando tanta intensidad. Pero la ausencia de freno en la pulsión insiste de nuevo. No se relaja sobre la aparición de la cuestión. Matiza en el siguiente bombeo el sentido de su carácter. Y parece no querer dejar que nos acomodemos sobre la sorpresa del delito para evitar la tentación de su juicio moral. Porque el escenario sigue pulsando su sordo bombeo hasta convertir en protagonista a sus propias dimensiones. La cuestión es: el tamaño del delito. Y sobre el desplazamiento provocado en el siguiente bombeo: el tamaño como delito.
La naturaleza positiva de la pulsión es imposible que nos hable de una agencia criminal. Porque no quita. Da. Da. Da. Dada. No para. No para de dar. Sigue. Continúa. Continúa dando. Extenúa lo que envuelve en su ofrecimiento. Su tamaño protagoniza el momento modificándolo. Nos preguntamos si el delito no parece instalarse más en la voluntad de contener esta pulsión, mediante una impresión limitada de la misma. Pero la pulsión persiste y se impulsa también sobre este limitado juicio, para desbordarlo en otro ofrecimiento. El escenario vuelve a avisarnos así con su permanente imposición. Lo delictivo se traslada entonces a la presencia misma. Y sin embargo, en cualquier caso el delito no nos pertenece. Porque la pulsión nos avisa, por su ausencia de freno, de que nos excede. Pero por nuestra presencia también, nos concierne. Por eso estamos aquí. No para descubrir la gravedad de un delito que no nos pertenece pero nos concierne, sino sólo
la cuestión de su tamaño.
Ni tampoco su naturaleza, porque ya conocemos que ésta reside precisamente en el reconocimiento desacomplejado: de la propia voluntad de posesión para hacer frente a tanto don,
y errónea necesidad de entera pertenencia.
Justo ahora
cuando este viaje no ha hecho más que empezar.
Aquí el Diccionario de juego contempla:
Que feroz es igual a fer@z.
Obrigado 2006/7/9 cuenta atrásA escasas horas del viaje que nos aportará datos sobre las cuestiones abiertas, las dudas se agolpan infiltradas por un canal de confianza:
¿cómo sabes que estas jugando a tu juego y no al de los demas? ¿como diferencias el tuyo de el de los otros? ¿no acaban siendo lo mismo?, ¿mismo fondo pero diferente forma?, ¿y como haces para sabe que no juegas a merced de otros? ¿no estamos siempre jugando a merced de algo o de alguien aunque no nos demos cuenta? ¿tu no estás a merced de tu juguete? lo has encontrado al azar, pero ya te está condicionando el mismo acto de haber sido hallado al azar, pues tiene un significado muy distinto que si lo hubieras ido buscando. Porque, ¿lo has buscado o lo has encontrado?¿has provocado el azar, el encuentro con él?..¿quién juega con quien? ¿tú con tu juguete o él contigo? ¿al final no acabais jugando los dos?¿no acabas siendo un objeto dentro de tu propio juego?.... ¿y si te enfrentas a la reglas del juego? ¿no las estas validando?, ¿no les estás dando legalidad y validez simplemente por tu oposición a las mismas? ¿no las estas reconociendo como tales?¿no estas aceptando su caracter normativo y constructor de algo?. por que si las aceptas y no van contigo, evidentemente no las puedes aceptar, pero al rechazarlas ¿que sucede? ... es algo que me he preguntado siempre. Si tu niegas un planteamiento, no es por que estas aceptando su existencia (por desgracia)? La incertidumbre ante lo desconocido del viaje alimenta las dudas.
El scanner refleja un cúmulo de vectores deslocalizados. Las dudas infiltradas por el canal de confianza parecen tomar cuerpo. Adquirir sentido por momentos. Se construye una fantasmagoría bajo la forma de pura relatividad. La palabra juego se convierte en una carcasa vacía, intercambiable. Como si el juego no existiera y todo fuera producto de una divagación arbitraria. Como si la reciprocidad fuera un derecho indiscriminado. Como si el diálogo invalidase el régimen analítico que da sentido a la distinción entre causa y efecto. Pero el juego existe. Y a la luz de esta evidencia se disipa el sentido de la mayoría de estas dudas, mientras de fondo comienza la cuenta atrás del despegue.
Porque es que resulta que el juego es real.
10 – 9 – 8... 2006/7/7 sin prisa por manifestarse, sin creerse una esfingeEn la ausencia de prisa por manifestarse, evitando la trampa de creerse una esfinge, se manifiesta la vía del caos arcade.
La voluntad de responder a la apertura de juego contrasta con un escenario saturado de amebas. Frente a la manifestación de un escenario saturado de amebas, el jugador puede inhibir sus movimientos.
Porque aquí no tiene nada que decir.
Aquí no tiene nada que hacer.
Porque aquí no se juega.
Puesto que el escenario cotidiano está dominado por la saturación de amebas, el jugador puede acabar tomando la inhibición de sus movimientos como una costumbre. Y si esta situación se prolonga en el tiempo, y el jugador olvida que el origen de su inhibición se debe a un escenario al que no pertenece, puede acabar pensando que la inhibición forma parte esencial de su carácter.
Se produce así un mecanismo de asimilación del jugador, que fluctúa entre la tensión de dos polos que se manifiestan como las dos caras de la misma moneda: la tendencia a proyectarse sobre un juego cuyo comienzo se dilata.
INSERT COIN
En el juego sabemos que la moneda no es un fin en sí mismo, sino un medio para proyectarse sobre el juego. En el juego ya aprendimos que no somos monedas, amebas.
En el juego lo que sabemos tiene que ayudarnos también a saber esperar el comienzo de la proyección del juego. En el juego tenemos también que aprender a evitar olvidar
Que el juego existe. Que el juego es real.
Así que no pretendamos incorporar el poder de los monstruos derrotados antes de afrontar el enfrentamiento, o falsearemos nuestras opciones de juego (entiendes Rubén?). Y si por circunstancias toca esperar largo tiempo el comienzo del juego bajo el signo de la inhibición: evitaremos terminar creyendo que siempre hemos sido una esfinge.
Es sólo que las amebas no atienden el significado de nuestros movimientos, como no saben escuchar la elocuencia del silencio. El mundo de las amebas se rige por cuadrículas, y en ese esquema no se contempla la posibilidad de la curva. De la elipse. De la elipsis.
Por el contrario, el juego se arma progresivamente de sutilezas. Es decir, de sugerencias.
Ahora estamos en un momento de espera ante la inminencia de un viaje que nos aportará pistas sobre las cuestiones abiertas. Pero mientras esperamos, intentado no forzar movimientos que falseen nuestras opciones de juego, intentando no olvidar que no somos una esfinge, todavía el juego continúa manifestándose.
Mientras el juego parece parado por su vía central de manifestación, inesperadamente aparece una vía:
Porque el caos no denota una falta de significado del juego bajo el signo de un desorden de los acontecimientos, sino sólo las circunstancias de un momento que dificulta la percepción de la dinámica del juego.
La saturación aparentemente inasumible de elementos en pantalla -ARCADE MAYHEM- no remite al final del juego, sino a una potencia en la dinámica de juego que anuncia un cambio de pantalla. Porque el juego no carece de sentido
hay que recordar que el juego es hermético,
pero a la vez no olvidar
en la dificultad de este hermetismo
Que el juego es real.
Diccionario de juego: Caos.
Encrucijada entre la urgencia por manifestarse, y la tentación de creerse una esfinge. 2006/7/4 las tablas no son buenas / (the birth of the score)Los aparentes defensores del diálogo os dirán que las tablas son buenas. Que expresan un juego de equilibrio. Que son el resultado de una contienda que no se ha precipitado sobre un lado de la balanza. Que son el triunfo excepcional de un desarrollo bien administrado en las fuerzas y en las intenciones.
Y puede que decir que las tablas no son buenas, parezca una invitación a entender que el sentido del juego reside en su finalización, a costa de victoriosa. Pero el caso es que...
musical fantasy light dice: las tablas no son buenas.
Es un aviso emanado por los destellos de nuestro juguete azarosamente encontrado, para que vayamos abriendo una vía de reflexión sobre la existencia del juego. Dará pie a giros argumentales y a claves que modificarán los acontecimientos. Ahora, la cuestión echa a andar.
Suponemos que aparece porque intuímos que se avecina un momento que puede dirimir su significado mediante la alternativa de la victoria o la derrota. ¿Quiere decir eso en primer lugar que la posibilidad de las tablas nos remite a evitar el juego, puesto que a lo largo del juego aparece necesariamente el enfrentamiento puntual? Si así fuera, y no parece descabellado un razonamiento de ese tipo, nos encontraríamos ante el primer indicio de la inconveniencia de la posibilidad de tablas: Pues nos habla directamente de la tentación de evitar el juego.
musical fantasy light dice: evitar el juego supone la derrota más directa.
Porque el juego existe. El juego es real. Y si evitas el juego estando en él, lo estás jugando a merced de otros criterios. Juegas el juego de otros.
Haces lo que dicen que hagas otros.
Eres quien quieren que seas otros.
Así que no podemos conformarnos con la solución de las tablas. Hay algo más. Que es lo que: invita al juego.
Pero lo que invita al juego no es la posibilidad de victoria. Ese sólo es su resumen, como una síntesis de lo más grosera e inconveniente. Lo que expresa la posibilidad de victoria, es que el juego ha funcionado puntualmente a pleno rendimiento. Que sobre el poder más o menos equilibrado por las reglas de juego, se ha impuesto la pujanza del...
del juego.
El juego ha encontrado entonces un cauce lo suficientemente rico y diverso para expresarse momentáneamente en la plenitud de su final. Y por eso el final resulta revelador. Y cuanto más preciso y complejamente queda desarrollado el conjunto de reglas del juego. Más revelador resulta. Y por supuesto para eso hace falta: la participación colectiva.
Así que desentrañar y desarrollar las reglas del juego se convierte en una tarea ética. Así que la participación colectiva se convierte en un poder fundamental de transformación. Porque musical fantasy light dice:
Las tablas no son buenas.
Las tablas que dictaminan
la suspensión del juego por boca
de una llama que no cesa de combustirse
en la decisión
de un engaño con el que promueve,
desde la perspectiva del cerdo que somos,
su propia y exclusiva
contradiccióink no son buenas.
A partir de un cierto grado de juego se obtiene poder
para desestimar puntualmente el razonamiento lógico
mediante un tipo de demagogia apoyado en
la desfachatez:
como ahora.
Ahora que estamos a punto de aceptar la posibilidad de que se produzca un enfrentamiento a dirimirse
en la alternativa de la victoria o la derrota. musical fantasy light dice:
(El encadenamiento de combos produce un) EXTRA BONUS: diccionario de juego.
Score: Un re-cuento que no tiene que ver con la acumulación ilimitada de puntos o POINTS, sino con la capacidad de desarrollar la historia mediante la puntuación sucesivamente ordenada de los acontecimientos.
interferencia #6: emisión desde el canal HY***SRecibido hoy a media mañana por el canal HY***S
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HY***S INC.
WE ARE NOT HY***S
FIN DE LA TRANSMISIÓN..............................................
Estamos atando cabos. 2006/7/2 interferencias #5: canal HYMensaje recibido por el canal HY ayer a los pocos minutos de publicar la última entrada. Por lo que sospechamos que tiene la voluntad de responder directamente a nuestra exposición.
not guilty to **
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HY**** INC.
WE ARE NOT HY****
FIN DE LA TRANSMISIÓN..............................................
2006/7/1 postdata al mundial 2006PD: No olvidamos los sucesos mostrados recientemente por las pantallas de entorpecimiento del juego. Ha caído la mentira que instrumentaba el juego bajo muchos puntos de vista bajo la carpa circense del mundial de fútbol. Y muchos han perdido con ello sustanciosos beneficios. Pero uno de ellos ha consumido definitivamente todo su crédito. Es el personaje que más ha perdido en esta enorme mentira.
Algún día hablaremos de la tragedia ejemplar de este payaso dominado por la ambición, que creyó poder trucar las reglas del juego como si el juego no existiera; como si el juego no fuera real. Pero el juego ha terminado manifestándose con consecuente crudeza, y el payaso ya está consumido.
Algún día hablaremos del hombre que más perdió con la eliminación de España en el Mundial de Alemania:
GAME OVER
MILIKITO. el ciego guiando al cerdo, el ciego guiado por un conejoNo hay mapas. No conocemos las reglas. No sabemos siquiera si las hay.
Estudiosos de todas las épocas y lugares se han afanado por encontrar códigos con las leyes del juego inscritas originariamente. Algo que dé testimonio de que el juego realmente existe, que nos apunte cual es su sentido. Y se han encontrado inscripciones marcadas sobre piedra, y jeroglíficos sobre círculos con voluntad de clausura. Pero a estas alturas todavía no disponemos de un libro de instrucciones. No hay manual de juego. Funcionamos todavía por tanteo, a ciegas. Es menester que a pesar de eso, en esta situación no nos invada el miedo.
En la historia de la búsqueda de indicios sobre la existencia del juego, en la historia de la prospección de sus reglas, la tradición nos habla de la victoria de unas máximas sobre tablas, que nos ayudarán a encontrar una vía para superar la ceguera provocada por la idolatría de una bestia dorada: en medio de una cultura construida sobre la prohibición del cerdo. Reglas dictadas bajo la iluminación de una zarza ardiente. Tablas entregadas desde lo alto de una montaña para acabar con la confusión general, para encontrar el camino que nos dará descanso, aposentados al fin sobre nuestro hogar definitivo, sobre una tierra que promete sofocar la crisis de una búsqueda nómada.
Pero el juego no tiene fin.
No hay más que permanencia de juego: permanencia en el juego: la zarza que pretendía consumir definitivamente la sensación combustiva de la experiencia de juego, ERA INCOMBUSTIBLE. Y lo que es de una manera, no puede ofrecerse bajo soluciones de naturaleza diferente.
Así que ahora la confusión está redoblada. Está la confusión creada por la mentira de la solución de las tablas con reglas que nos hablan de la superación del juego a partir de un origen que contradice la propuesta. Y puesto que se trata de una falsa solución, persiste en secreto la confusión colectiva en torno a la idolatría de una bestia dorada que se apoya en la prohibición del cerdo. Nos estamos moviendo en un escenario dispuesto por una yuxtaposición de confusiones, por pliegues de engaños, por una superposición de estratos que nos cubren de tierra los ojos.
Cerrémoslos entonces. Enterrémonos del todo. Aceptemos la situación.
Partamos de cero.
Vendar los ojos para renovar unas sensaciones que abren un escenario de juego sobre lo cotidiano. Convenir que todo resulta "impresionante". Y a partir de ese umbral desmontaremos el tabú: hay que aceptarse como un(@) auténtic@ cerd@. Gozar de la confusión provocada por la ambivalencia escatológica. Asumirla y consumir el trayecto entre sus extremos, con una voluntad desatada de todo freno. Auscultar las aperturas a lo insondable sin miedo a la oscuridad. Introducirse por las madrigueras que antes se evitaban...
Ey psicoanalistas, un inciso: Tampoco os lancéis sobre conclusiones demasiado precipitadas. Precipitaos mejor sobre las madrigueras. Cerrad la boca que sustituye a vuestros ojos enterrados por estratos de un engaño superpuesto. ¿Os pensáis que estáis al margen? Abandonaos sobre la pocilga de diván que ofrecéis... ¡Vosotros también sois unos cerdos!
La idolatría de la bestia dorada no iba mal encaminada. Festejaba la bestialidad prohibida por el tabú del cerdo. Impugnaba el tabú de la bestia al embadurnarla de metal precioso. Sublimaba su ausencia de valor, invertía su ausencia de valor. Se estaba jugando entre dos extremos. Se estaba en el juego, sólo había que compensarlo, que ajustarlo. Pero vinieron las tablas a anularlo. A decir que el juego había cesado de parte de una llama que no cesaba de consumirse. Mentira. Mentira. ¡Mentira!
COCHIN@.
Estos últimos días hemos permanecido callad@s, reflexiv@s, dando vueltas al curso de los acontecimientos. Hay tentativas de confundirnos por canales que nos envían mensajes cifrados, códigos secretos. Sabemos de pretensiones ajenas por suplantarnos. Son maniobras para sacarnos del juego. Para incorporarnos a un personaje que se mantiene ausente al juego. Para atraer nuestra atención hacia la seguridad de unas máximas que quieren sustituir la dinámica de juego.
Estamos tomando "medidas". Vamos a tener que desplazarnos a un territorio extraño. Nos espera pronto un viaje para descubrir más sobre el juego y sobre la tentación de anularlo. Pero antes había que partir de cero. Volverse ciego. Convertirse en un cerdo. Sumergirse en la madriguera. Atent@ss tod@s a la aparición fortuita de un conejo... Para afrontar la gran transformación pendiente. Para suspender el olvido del festejo de la bestia dorada, por el recuerdo impuesto en las tablas que dictaminan contradictoriamente la suspensión del juego por boca de una llama que no cesa de combustirse. Para recordar aspectos originarios del juego y transformarnos en una altered beast. Para adquirir los poderes del comportamiento del cerdo.
Desde que estamos ciegos y nos comportamos como cerdos ha caído un velo dispuesto por tablas, que nos permite comprender que el juego existe como una experiencia renovada. Nos permiten experimentar que el juego es, todavía, más real.
Y actuaremos en consecuencia con la ciega voluntad de auténticos cerdos. Dirigiéndose hasta el límite para superarlo. Proyectándose hasta la pantalla final. Dispuestos a superar el Split Screen Level.
Dispongámonos a verlo. Cerremos los ojos. El cerdo que somos, existe.
Somos cerdos; es real.
Arrojémonos sobre la negrura de la madriguera a disfrutar el placer de sensaciones renovadas...
Paso atrás para coger impulso. Remontamos el juego desde su origen,
ahora que hemos arrojado nuestros ojos
a una llama que no cesa de combustirse
en la decisión
de un engaño con el que promueve,
desde la perspectiva del cerdo que somos,
su propia y exclusiva
contradiccióink
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