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    8/9/2006

    cónicas utrópicas pantalla final: rutina de acceso al enemigo

    Una serie de elementos dispersos por la pantalla se agrupan de repente en una mole que lo ocupa casi todo. El scroll se detiene. Ha aparecido el jefe final. Atrae sobre sí los elementos que tiene alrededor. Define la gravedad de la situación. Y ahora el juego se ha parado en torno a este enfrentamiento.
     
    Sabemos que a la araña hay que huirla. Y puesto que la huida no es posible ante el juego parado por el enfrentamiento, la táctica adecuada consiste en evitar la tentación de reaccionar ante la imponente presencia del Final Boss. Pero dado que esta situación se define en términos de gravedad, la relación de masas promueve inevitablemente un encuentro que encierra la eliminación. Y si nuestra nave no reacciona y se queda quieta, la araña irá a por nosotros. La montaña acudirá a Mahoma: el jefe final responde indefectiblemente a una rutina fija, preestablecida.
     
    Y es: que la montaña acudirá a Mahoma. Porque la araña ha decidido convertirnos en objeto de su interés. Porque unilateralmente se ha establecido un significado de la situación, aunque la situación quedara inicialmente dispuesta por una relación compartida. Porque este significado gira en torno a un bucle: la red es mía. Y sirve para eliminar. Porque la red es mía. Y sirve para eliminar. Porque la red es mía...
     
    Ante el comportamiento invasivo del jefe final establecemos una serie concéntrica de cinturones de seguridad, que la araña tendrá que superar si quiere llegar hasta nuestra posición con la intención de eliminarnos.
     
    PRIMER CINTURÓN:
    La araña llama a nuestro móvil. Intenta acceder al primer cinturón de seguridad. A pesar de que la predisposición al juego promueve automáticamente la respuesta, nuestro entrenamiento previo surte efecto y se mantiene la estrategia de total elipsis. Curva cerrándose sobre vectores laser que se dirigen hacia nuestra posición.
     
    Antes de que los elementos dispersos de la pantalla se concentrasen en torno a la mole que constituye el jefe final,
    tuvimos ocasión de establecer un compromiso con estas presencias
    que actuaban al hilo del scroll, pidiendo sólo el tiempo necesario
    para que la situación se despejase bajo el ritmo de juego propio del nuevo escenario.
     
    Conforme el tiempo se ha ido acabando al final de la fase,
    se ha constituido un Final Boss que marca un final apresurado,
    que muere con el final de pantalla, que precede al game over
    al margen de su victoria o su derrota. 
     
    De manera que todo lo que acompaña a la constitución de este final boss
    respira una naturaleza apresurada y acuciante.
    Olvida también el compromiso que establecimos con los elementos de pantalla,
    con el ritmo propio de este juego.
     
    Así que la araña no va a parar en su empeño. Va a recorrer todos los cinturones de seguridad que hemos dispuesto en la defensa de nuestra posición. Que todavía conserva el compromiso adquirido con todo lo que sucede en el nuevo escenario. Que todavía confía en que la mole que forma este jefe final se disperse. Y los elementos bailen. Y la gravedad deje de concentrarse en la obsesión de concentrarse en un solo punto. Y el scroll se ponga en marcha de nuevo.
     
    SEGUNDO CINTURÓN
    Llaman al portero automático. La araña ha accedido al segundo cinturón de seguridad. No contestamos.
     
    El jefe final tiene que recordar que había un compromiso por nuestra parte de establecer contacto antes de que finalice esta pantalla.
    El jefe final tiene que recordar que no es una araña.
    Queremos confiar en que esta situación puede tomar un giro de los acontecimientos.
     
    TERCER CINTURÓN
    Pero en pocos minutos llaman a la puerta de la casa.
     
    La araña está agotando su intento por superar el sistema concéntrico de cinturones de seguridad.
    Que bajo su obsesión recorre como si fuera un laberinto.
    Ausente de toda referencia de lo que ella fijó depredadoramente como objeto de deseo.
    Laberinto que recorre acercándose fatalmente al centro, sin reconocer
    que nuestro sistema de seguridad está hecho a semejanza de la disposición de su red.
    Sin reconocer que le aguarda el destino de sus propias víctimas, sólo
    porque su carácter está forzando que todo suceda:
    a la manera de las escenas donde aparece una araña.
     
    No abrimos la puerta de casa a la llamada de la araña. Y la partida parece haber acabado definitivamente en tablas...
     
    Pero la partida debe continuar para recuperar el scroll en una nueva pantalla. Y ya dijo musical fantasy light en su momento que las tablas no son buenas.
    A la araña le queda un último movimiento. A estas alturas se trata de una opción carente de sentido ante la acumulación de negativas de diálogo.
    Pero a lo largo de su obsesión realimentada, la araña está muy lejos de saber discernir los límites del absurdo.
    La araña puede intentar dar un giro a la manivela de la puerta que cierra la casa donde nos encontramos, y a pesar de haberse encontrado con sucesivas negativas que le fueron cerrando el paso...
    es bastante probable que vaya a hacerlo...
     
    Sería absurdo pensar que tras tantas negativas de acceso la puerta estuviera abierta. Sería tan absurdo que no tiene sentido intentarlo. Es tan absurdo que este absurdo impone su falta de sentido como un muro que ocluye las consecuencias de que el absurdo se cumpliera...
     
    La araña acompaña su ceguera hasta el final. Va a hacerlo. Eso parece el giro de la manivela. Está probando a abrir la puerta. Como si después de haberle negado el paso con varios cinturones previos de seguridad, fuéramos a incurrir en el descuido estúpido de dejar la puerta abierta. La araña está a punto de descubrir que se esconde tras su intento sin sentido. De la manera que sea, la curiosidad que late tras su obsesión va a ser saciada.
     
    La araña intenta abrir la puerta...
     
     
     
    y nuestra puerta estaba... abierta
     
     
     
      ***FINAL BOSS
            ELIMINADO***
     
     
     
     
    8/8/2006

    cónicas utrópicas jefe final: durante el combate

    Hola gravedad he aprendido a esperarte a la vuelta de una curva.
    Sobre la mentira cartesiana te concebía cortándome las alas.
    Me hacías sentir el peso exclusivamente como lastre.
    Sobre mi espalda he sentido una culpa y el castigo del esfuerzo.
     
    Gravedad también anunciaba la fuerza de un peligro inminente.
    Donde todo cambia imponías tu presencia constante.
    Convertías en maldita la existencia de un orgullo incorporado.
    Pero ya no me agarras del cuello ni me empujas al entierro.
     
    Sobre la hamaca cada gesto tiene su recompensa.
    Toda fuerza que se invierte se compensa oscilada.
    Una curva administra tu presencia como nueva sutileza.
    Recupera lo invertido una nueva economía del placer y del descanso.
     
    Gravedad te evitaba, y ahora eres mi aliada.
    Tu presencia sólo augura situaciones ajustadas bajo el signo de la curva,
    Devolviendo cada esfuerzo convertido en placer, te has convertido en amante.
    Y hasta he vuelto a dormirme acunado porque.
     
    No podía ser que lo constante maldijese la existencia.
    Más que recuperando la curva recibiera
    Lo que ya de sí parte bajo nueva forma uterina.
    De lo que siempre sólo fue fuerza madre.
     
    8/7/2006

    curva ante el combate, suena el primer disparo

    Y la araña cree que la red es suya. Y sirve para eliminar. Y el razonamiento de la araña se forma en este bucle, en esta copulación cíclica: endogámica. En el dominio de la red dispuesto por la araña, la red se convierte en un laberinto para quien la transita. Porque un artificio escamotea que la naturaleza de la red consiste en su disposición colectiva.
     
    Con la aparición del Final Boss, la evolución de la pantalla al completo queda a las leyes de su rutina. Concluye todo tipo de avance, de scroll. El avance sólo puede sucederse con la eliminación del Final Boss, que bloquea con su engorde la pantalla. Pero esta acumulación excepcional de protagonismo no tiene sólo la pretensión de eliminarnos. Esta anomalía tiene la pretensión de establecerse como una base lógica. Lo que ya supone quizás una forma específica de eliminación... Porque todo en la presencia de la araña, del jefe final, de un Final Boss, es pura redundancia.
     
    Bajo el signo de la araña, hemos comprendido el principio de la lógica como una fatalidad. Lo que era un don para esclarecer el escenario, viene a ejecutar un principio restrictivo, limitador. Y ejecutamos. Acción: REACCIÓN. Crimen: CASTIGO. Todo lo que sube: BAJA querido Sísifo. Esta hostilidad de la consecuencia lógica, esta brutalidad reactiva: Es un artificio. Una mentira. Un exceso que tiene en la gravedad la forma de un minotauro definitivo. Pero contra la caída fatal de las posibilidades especulativas, el nuevo escenario dispone una hamaca donde la gravedad... juega... a nuestro favor...
    Y ahora el jefe final que aparece ya no puede bloquearnos en la construcción de un artificio que lo convierta en constante, en norma definitiva. Esta araña... es momentánea. Nos curvamos. Abandonamos la rigidez de ejes rectos, el antagonismo de una perpendicularidad artificiosa. Esto nos permitirá poner la gravedad de la situación a nuestro favor. Esto nos permitirá invertir el propio movimiento de la lógica.
     
    La reacción se anticipará a la acción. El movimiento se expresará en la espera y viceversa. La concesión será un gesto de apropiación en la renuncia. La radicalidad de la araña será asumida como un sacrificio: que jugará en su contra. Tendrás lo que quieres, araña.
     
    Todo se curva en nuestra mente ante el momento de la batalla.
     
    Todo parece estar poniéndose definitivamente grave,
    pero bajo la curva de la hamaca caen los ejes de siempre,
    y se tuercen las líneas de un escenario que parece atravesado por sonrisas.
    El sonido del laser disparado por el jefe final a nuestra espalda
    nos estimula como un primer movimiento.
    Porque indica que el momento del combate ha comenzado.
    Y la araña una vez más ha cometido el error
    de comenzar
    atacando...
     
     
     
     
     
    8/5/2006

    gravedad de la situación, técnica de la hamaca

    El combate terminó dirimiéndose. Pero todavía no vamos a desentrañar su resultado.

    Puesto que el jefe final es una araña, y a la araña hay que huirla, conviene detenerse en la técnica utilizada para desmontar semejante dilema.

    Porque a la araña hay que huirla. Pero para cambiar de pantalla, el enfrentamiento con el jefe final es inevitable. Y la situación se torna de extrema... gravedad. Porqué ¿cómo enfrentarnos al Final Boss y evitarlo al mismo tiempo?

    Son muchas las cosas que el nuevo escenario nos ha aportado. Items, combos, bonus extra, lógicas ampliadas por la resolución de puzzles aparentemente contradictorios. Buena parte de estas aportaciones no son totalmente novedosas. Más bien estaban soterradas por estratos de tecnología acumulada entre los pliegues de la mente colectiva. De entre las más sencillas de estas aportaciones, contra la gravedad de la situación, reveló su utilidad la técnica insultantemente sencilla de un aparato banal. Descubrimos que esconde su propia magia. Porque revela un elemento escamoteado, para conjurar la fatalidad de dicho elemento en su propia revelación. En esto debe consistir su ilusionismo.

    Bajo capas de tecnología acumulada en sus pliegues, nuestra mente colectiva se concede una posición en el mundo bajo el signo exclusivo de ejes rectos. Vertical: trabajo. Horizontal: descanso. Extremos de una dualidad ficticia provocada por la propia asunción de la recta: que no existe más que en todo caso bajo la forma de un trauma segmentario. Esta es la escisión que nos domina.

    Pero en el nuevo escenario se manejan las curvas. Se rompen las dualidades. Las cosas son y no son a la vez, están y no están:

    Y se descansa en hamaca.

    Que es la disposición del cuerpo sobre la curva de un peso que tensa el encuentro de los dos puntos de un segmento. Que rellena la tela vacía con la forma de la ausencia aparente de la fuerza de la fatalidad reducida a su mínima expresión: la gravedad. La impresión más directa de un destino que se ha interpretado, desde siempre, como una caída.

    Bajo el signo de la recta, horizontales y verticales disponen la gravedad como una fuerza sin capacidad de compensación. Ahí solo cabe reacción de normalidad. Vigencia de un peso que sólo puede desplomarse. Aquí el ataque es el ataque, y la defensa es la defensa. La gravedad de la situación parece jugar exclusivamente en nuestra contra. El enemigo pretende nuestra exclusiva eliminación, y no puede ser nuestro aliado.

    Pero en el nuevo escenario hemos soñado disponiendo nuestro cuerpo en el relleno de una tela vacía gracias a la gravedad como una escultura propiciada por la curva de una hamaca. Y así el jefe final fue evitado y combatido. Eliminado precisamente en la complacencia del objetivo que tan ciegamente busca. Así fue y así lo contaremos sin necesidad de inventar nada. Porque en su simplicidad, como la hamaca, el juego existe.

    Porque como la curva de una hamaca: el juego es real.