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9/30/2006 CÓMO SER DEMAGOGO Y NO DESINTEGRARSE EN EL INTENTO, VIIIUna última copa de vino Ya avisa Robert McKee de que la clave reside en el final de la película. El guionista profesional se la ofrece a Kaufman como la expresión defitiva de una tentación fáustica. Y Kaufman aceptará el consejo como una forma de solucionar sus limitaciones. Pero es que más allá de su utilización engañosa, en términos estratégicos se sabe que el final de las cosas es importante. Se trata de una condición que abre un marco de acción desafiante, por cuanto el sometimiento a juicio queda marcado por un plazo inexorable. Al aceptar que la cuestión de su historia se resuelve al final, parece que Kaufman acepta manejarse en el engaño. Pero se trata justamente de lo contrario. Con ello reinstaura la propia capacidad de juicio. Esta confusa percepción del valor del final da la medida del momento ideológico actual, como una invitación sospechosa, como un ofrecimiento envenenado.
CÓMO SER DEMAGOGO Y NO DESINTEGRARSE EN EL INTENTO, VII
Viva la supervivencia Arriesgarse a ser abiertamente demagógico para superar lo demagógico. Algo así parece asumir Charlie Kaufman con el planteamiento de Adaptation, El ladrón de orquídeas. En un momento de la película John Laroche -el biólogo intempestivo- y Susan Orlean -la escritora burguesa-, reflexionan sobre el sentido de la adaptación. El biólogo se centra en la noción de especie, y pone el énfasis en la complejidad del proceso, en su vinculación con la necesidad de supervivencia. La escritora, pensando en la condición humana, señala que la idea de adaptación conlleva un cierto grado de vergüenza. Podríamos añadir de incoherencia, de traición, de fracaso. La historia entra de lleno en la confusión del ámbito público y privado mediante varios mecanismos. En primer lugar, el protagonista compone simultáneamente un personaje real y ficticio. En segundo lugar, se desdobla en un falso hermano gemelo que viene a confundir definitivamente el estatuto de lo real, al serle otorgada la participación en el guión desde los propios títulos de la película. Por último, la vida de Charlie Kaufman se muestra a partir del desajuste establecido entre su exito profesional y su fracaso personal. Al final de la película, la solución vendrá de una comunicación entre ambos extremos. En definitiva, el guión de Charlie Kaufman arriesga una confusión radical de lo público y lo privado. Yuxtapone ambos extremos contradictoriamente. Los simultanea parpadeantemente. Mientras que el establecimiento del protagonista sitúa la historia ya de por sí en un terreno potencialmente demagógico, el Kaufman más purista marca un objetivo que pretende situar la película totalmente al margen del mismo. Su pretensión pasa por escribir una película sencilla, ausente de artificios y sin finales cerrados. Sin engaños ni soluciones morales, Kaufman pretende responder de esta manera desde el cine a la verdad de la existencia. Pero su ideal de película sencilla y sin finales cerrados se verá continuamente trabado. Por un lado necesitará responder a las enormes limitaciones de un planteamiento creativo tan purista. Por otro lado necesitará asumir sobre la marcha la normativa implícita del medio comercial donde ha decidido inscribirse profesionalmente. Se trata de un conflicto que expresa una lucha por la supervivencia personal y creativa, donde Kaufman va asimilando elementos pertenecientes a las narrativas espurias que inicialmente intentaba evitar. Kaufman presenta esta asimilación como una adaptación vergonzante. Pero a partir de esta necesidad vergozante, la película se compone en la compleja riqueza de una dialéctica surgida por la relación conflictiva de materiales radicalmente diversos. De esta manera, Kaufman acepta las necesidades propias de la verdad de la existencia en su juego de limitaciones. Antepone la verdad concreta de la existencia en curso, frente a los límites marcados por la normativa ideal del arte. A partir de este movimiento de adaptación, Kaufman establece una asimilación dialéctica de lo espurio, de lo "desnaturalizador". Y se abre un espacio confuso, ambiguo, que en última instancia podría identificarse genéricamente como una suerte de "intriga metanarrativa". La posibilidad de superar lo demagógico asumiendo abiertamente lo demagógico queda en manos de que, al final de todo, Kaufman logre hacer la película que pretendía. Incluso a pesar de que el uso de los materiales aceptados por pura supervivencia, nos invite lógicamente a prever todo lo contrario. 9/29/2006 CÓMO SER DEMAGOGO Y NO DESINTEGRARSE EN EL INTENTO, VIUn Ferrari no se avergüenza de su triunfo Decíamos que más bien, los sistemas de valores se reformularán en imágenes que impregnarán de simbolismo al nuevo medio. Y variarán para incorporar una tasación colectiva sobre la conveniencia de los distintos elementos dispuestos por los nuevos medios. Arriesgarse a ser abiertamente demagógico para superar lo demagógico. Superar las limitaciones tradicionales de lo demagógico asumiendo una posición abiertamente demagógica. Como un automóvil incorpora en su potencia el caballo de vapor. Si nace la producción industrial del automóvil, Como Ferrari hace gala de su estatuto lujoso sobre la proyección de una silueta negra que lo identifica con el vigor de un cavallino rampante.
CÓMO SER DEMAGOGO Y NO DESINTEGRARSE EN EL INTENTO, VHaciendo virtud de la necesidad Si los actuales medios de producción rompen inevitablemente la distinción tradicional entre lo público y lo privado, hay que aceptar que la noción de demagogia ha quedado obsoleta. La valoración de lo demagógico insistiría en aplicar un sistema de valores perteneciente a un escenario efectivamente superado. Se haría necesario realizar un movimiento de adaptación relativizando la noción de demagogia. Y el caso es que se producen millones de cámaras. Y se van a utilizar. Y los presentadores de los telediarios se van a ver obligados a opinar cada vez más frecuentemente. Y los periodistas van a criticar cada vez más que la gente comente sus intimidades en público, pero son los medios quienes disponen la plataforma para que esto suceda... La distinción nítida entre lo público y lo privado queda rota normativamente por las condiciones de posibilidad dispuestas por los actuales medios de producción. Luego la calificación de demagogia ha dejado de señalar una posición especialmente significativa. Pertenece a un tipo de juicio estrictamente residual. Constituye una redundancia que despista sobre las características del momento actual. Su mantenimiento compone un chantaje moral donde se invita a sostener una búsqueda de integridad y coherencia personal idealizada. No se trata ya de evitar la posibilidad de resultar demagógicos con nuestras acciones puntuales; la situación actual en sociedad es en sí demagógica. Vivimos una imposibilidad general de escapar a una situación demagógica. La imposibilidad general de evitar lo demagógico abre la posibilidad de ser abiertamente demagógico. Pero la confusión abierta del ámbito público y el ámbito privado no es exclusivamente negativa. Constituye una reclamación histórica frente a una distinción forzada violentamente por la necesidad de un sistema coyuntural. Para regular un sistema de trabajo. Para potenciar un sistema de consumo. Para organizar un modo de relación social profundamente individualista, que sobre la base de una escisión radical se ha percibido como una experiencia generalmente insatisfactoria. Para proyectar sobre el triunfo ideológico de lo privado, un modelo de ciudadano progresivamente despolitizado. Así que ante una aparente paradoja, la asunción abierta de una posición demagógica comience a resultar una reacción estrictamente política. 9/28/2006 CÓMO SER DEMAGOGO Y NO DESINTEGRARSE EN EL INTENTO, IVFundamento razonable de la defensa de los valores simbólicos y morales La historia nos ha enseñado que no se puede luchar contra un cambio radical en las condiciones de posibilidad material dispuestas por un sistema de producción. Si nace la producción industrial del automóvil, no se puede sostener el transporte a caballo en virtud del esplendor secular atesorado por el valor de la hidalguía. Más bien, los sistemas de valores se reformularán en imágenes que impregnarán de simbolismo al nuevo medio. Y variarán en esta reformulación, para incorporar una tasación colectiva sobre la conveniencia de los distintos elementos dispuestos por los nuevos medios. La atribución de valores simbólicos y morales aparentemente absolutos esconde una pragmática colectiva de adaptación al medio. El ajuste del sistema de valores simbólicos y morales de un colectivo está subordinado a las condiciones de posibilidad dispuestas por el sistema de producción material. Enfrentarse a esta circunstancia supone un ejercicio inútil. Abre una dinámica de funcionamiento sistemáticamente erosiva. Limita radicalmente el margen de acción dispuesto para desarrollar y transformar el escenario donde nos situamos. No se puede obviar que la defensa de valores aparentemente absolutos esconde un fondo estratégico sin quedar a merced de la situación. Otra cosa es que la posición estrategia contemple la defensa de valores simbólicos y morales como un elemento de compensación necesario para ajustar el escenario donde nos situamos materialmente. Se hace necesario asumir esto. No tanto para comprender cómo en situaciones de extrema carencia se profanan los tabúes establecidos para defender las convicciones morales más profundas; pongamos el canibalismo, a la manera de un naúfrago que asume la necesidad de nutrirse de un prójimo ya fallecido. Sino más bien para evitar llegar a estas situaciones. 9/27/2006 CÓMO SER DEMAGOGO Y NO DESINTEGRARSE EN EL INTENTO, IIISer arte y parte El fenómeno demagógico, entendido como la expresión de un conflicto donde se borran los límites entre lo público y lo privado, encontraría su paradigma en el ámbito del arte moderno. La pretensión de la obra de arte por aludir no ya al conjunto de la ciudadanía, sino a la noción más altamente idealizada de humanidad a partir de un material que surge desde la expresión más forzadamente subjetiva del artista, compone una confusión definitiva de lo público y lo privado. Bajo este esquema general puede decirse que el arte moderno produce normativamente lo demagógico. La ilusión tradicional de la sociedad moderna reside precisamente en evacuar excepcionalmente esta posibilidad de confusión por la vía del arte. De manera que por un lado se evita la propagación del conflicto a lo largo de todo el orden. Y por otro, constituye un referente donde acudir a solucionar las insatisfacciones provocadas por el desajuste que nace en la separación de lo público y lo privado. Para poder llevar a cabo esta operación, la cultura moderna establece dogmáticamente lo artístico como un campo autónomo. Así puede aludirse al arte como lo desinteresado. Así lo desinteresado del arte puede a la vez ser "parte". Así el arte moderno es original y fundamentalmente demagógico. Con inevitable vocación redentorista, el arte se alimenta de romper los límites de ese confinamiento que le permite administrar la confusión de órdenes sin presencia de conflicto, para proyectarse sobre el conjunto de la sociedad. La vieja pretensión de fundir arte y vida buscaría restituir un orden social donde, de esta manera, queda eliminado el desajuste provocado por la ruptura entre lo público y lo privado. En este sentido, por mantenerse ajeno al conflicto por el privilegio de su situación excepcional, el arte moderno ha soñado implícitamente con un triunfo de lo demagógico. Es ahora cuando empezamos a encontrar unos medios de producción que sugieren que la confusión entre lo público y lo privado va a darse, no tanto de manera más o menos deseable, sino más bien de manera inevitable. Quizás lo que intuía el arte tras la ilusión del papel generador del artista, era que venían dándose progresivamente las condiciones de producción material para que se derrumbara generalizadamente la distinción entre lo público y lo privado. Quizás la situación general de demagogia comparte principio con un arte que siempre se percibió como demagógico. Así que mientras la distinción entre lo público y lo privado estaba vigente, el arte no era entendido por la sociedad a la que representaba su subsanación. Y ahora que esa distinción está rota generalizadamente, el arte ha perdido su especificidad, su objeto, su razón de ser, su condición de referencia, su situación de preferencia. CÓMO SER DEMAGOGO Y NO DESINTEGRARSE EN EL INTENTO, II
Eje rígido, eje quebrado La aparición de lo demagógico no se construye sobre un comportamiento esencialmente catalogable en esos términos, sino sobre la posibilidad de conflicto dispuesta por un marco basado en una distinción radical entre lo público y lo privado. Esta distinción resulta ser una premisa difícilmente discutible, precisamente por su profunda condición ideológica. Frente a la disposición aparentemente natural de esta distinción, lo demagógico evidenciaría en realidad, un encuentro conflictivo de los órdenes que separa. La imagen del líder político utilizando su discurso para engañar al pueblo, que subyace en la propia etimología de la palabra, se construye sobre una lógica del conflicto que presupone la confusión de los intereses privados del poderoso con los intereses públicos, que desde su posición administra. Tenemos bien candente el caso Malaya para comprender la actualidad de la cuestión, así como para vislumbrar abiertamente que, al final de la acusación de demagogia nos dirigimos hacia lo abiertamente delictivo. Pero un ejemplo tan evidente como éste sólo viene mostrarse como la punta del iceberg, como un caso subrayado con los trazos más groseramente clásicos de la cuestión demagógica. Más allá de esta evidencia, la constitución sistémica de la demagogia estriba en un par de condiciones características del momento actual. Por un lado a nivel ideológico, al venir reforzándose la distinción entre lo público y lo privado por circunstancias histórico-políticas de distinta índole -de la necesidad de reforzar la especificidad del capitalismo en dicha distinción frente a la opción comunista a lo largo del último medio siglo, al desarrollo paroxístico de una fenomenología de lo privado apoyado por un triunfo progresivo de la noción de estilo. Por otro lado a nivel material, ateniéndonos a la explosión de unos medios tecnológicos que invitan a reflejar públicamente aspectos pertenecientes al orden privado. Cuando tiene lugar todo esto, la distinción entre lo público y lo privado viene a romperse de manera inevitable, y quizás definitiva. Lo demagógico pasa entonces a producirse de manera mecánica, "por defecto". En la sistematización de lo demagógico, la polémica no se evacúa sino que se alimenta. Por decirlo de manera muy tosca, si se producen millones de cámaras: se van a utilizar. Y lo privado va a quedar reflejado ante la mirada pública provocando una confusión que resulta ser estrictamente demagógica. Estamos viviendo un giro de tuerca de esa explosión con la aparición de fenómenos como youtube. Pero una vez más, esta evidencia no es más que un ejemplo que se vislumbra justo en el aparato generador de visibilidad masiva. La distinción de estos órdenes se produce en todos los ámbitos de la sociedad. Frente al estallido de la distinción entre lo público y lo privado, una reacción proporcionalmente defensiva constituiría el reino de lo políticamente correcto. Lo políticamente correcto vendría a establecer reductos de seguridad, sin querer reconocer ni asumir en ningún caso la posibilidad de que la distinción entre lo público y lo privado ha quedado eliminada total y definitivamente. Y como reacción que no contempla las condiciones materiales de producción, su mecánica de funcionamiento quedaría basada en principios básicamente restrictivos, produciéndose una paradoja. Para defender generalmente al individuo que surge de la tradicional distinción entre lo público y lo privado, se recortan las libertades parciales de dicho individuo. Pues en la expresión de dichas libertades, la demagogia es suspectible de aparecer -por cuanto estructuralmente, la distinción entre los órdenes público y privado anda rota-, provocando contaminaciones, invasiones, contagios, pero sobretodo, un cortocicuito en la distribución tradicional de intereses, donde se invalida recurrentemente la ética del orden hegemónico. Y se puede considerar éticamente loable este movimiento de defensa. Pero se producen millones de cámaras. Y esas cámaras: se van a utilizar.
9/26/2006 planificación de la nueva pantalla: CÓMO SER DEMAGOGO Y NO DESINTEGRARSE EN EL INTENTO, IClásicamente relacionamos la demagogia con la degeneración de la democracia, como resultado de un engaño del líder político a su pueblo. Hoy, en la época del marketing, en el triunfo del diseño y la apoteosis del estilo, en la comercialización normativa de la tele-realidad, la demagogia constituye un sistema, una circulación específica del valor a lo largo del tradicional estado de las cosas. La valoración de lo demagógico convoca una solución fuerte, una presencia protagonista. Su aparente capacidad para revelar el engaño y señalar el propio delito del poder, remite a la sensación de una verdad recuperada, al prestigio de una inteligencia justiciera. Y así su presencia resulta muy difícil de relativizar. Puede que el actual sistema demagógico apunte a una clara degeneración del tradicional sistema democrático representativo. Y puede que las formas de nuestros políticos hayan influido indudablemente en la instalación de este sistema demagógico. Pero si entendemos en todo caso que la noción de demagogia responde a un juicio de valor relativo, y extendemos nuestra mirada sobre las condiciones de posibilidad que viene a sopesar actualmente, es posible que las particularidades del momento actual pongan en suspenso los dos presupuestos clásicos sobre la demagogia. Aun a riesgo de renunciar al honorable prestigio que aporta esgrimir su denuncia. A riesgo hasta de quedar incluidos en el saco de lo demagógico, por poner simplemente en tela de juicio la absoluta eficacia e infalibilidad de la noción. Y el caso es que nos gusta el riesgo, pero no se trata tanto de eso. Más bien es que, sobre la intuición de la actual condición sistémica de lo demagógico, se impone la sospecha de que puede ser algo más que un exclusivo indicio de degeneración democrática. Algo que no nos muestra tanto la demagogia como resultado de una voluntad más o menos culpabilizable, cuanto de unas condiciones de producción caracterizadas por una cuestión de abundancia, que nos pone frente a la posibilidad de manejarnos a partir de un principio eminentemente positivo. Encontrando así no tanto una fertilidad de la demagogia, sino una superación de las limitaciones impuestas por la referencia de lo demagógico, hacia un escenario de fertilidad renovada. 9/13/2006 MFL 2.0: transición de pantalla, no cabe la esperaNos repetimos por pasiva que no es una espera
a las puertas de ningún teclado
porque no se borró la palabra "espera"
de nuestro diccionario.
Y ese olvido aplazado impide pensar
que por activa andamos presos todavía...
targets acumulados:
la ilusión de la decisión
el prestigio de la paciencia
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